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El Ejército, el narco y el Estado en México

Diversas noticias en estos días han colocado al Ejército mexicano en una controversia importante. La Secretaría de la Defensa Nacional ha entregado a tres Generales (a la hora de escribir este documento) a la Procuraduría General de la República por nexos con el crimen organizado (en especifico el Cártel de los Beltran Leyva). Los Generales Tomás Ángeles Dauahare, Roberto Dawe González y Manuel Escorcia Vargas fueron consignados ante la Subprocuraduria Especializada en Delincuencia Organizada por la Procuraduría General de Justicia Miliar en estos días.

Las noticias de las detenciones de estos Generales son preocupantes por diversas razones evidentes. En primer lugar se trata de altos mandos de las fuerzas armadas, los tres en retiro pero con los rangos más altos en nuestra milicia. En segundo porque han sido presentados en conjunto en pocos días a diferencia de las detenciones de otros militares con nexos con el crimen organizado que han sido esporádicas. En tercer lugar porque en esta ocasión uno de ellos es un militar de un alto perfil político como lo es Tomás Ángeles quien merece especial mención.

El General Tomás Ángeles Dauahare ha ocupado los cargos más importantes en la milicia con excepción de ser secretario de la Defensa Nacional: Ángeles fue secretario particular del secretario de la Defensa Enrique Cervantes con Zedillo, tuvo cargos en la inteligencia militar y el Estado Mayor Presidencial, fue adjunto militar en la Embajada de México en Estados Unidos, formo parte de las cortes militares, estuvo considerado para ser secretario de la Defensa Nacional de Felipe Calderón y ocupo la subsecretaría de la Defensa Nacional con el General Galván antes de pasar al retiro. Estamos hablando pues de un General con acceso directo al Presidente de la República y a la información más privilegiada en materia de Seguridad Nacional.

Al haber varios militares de alto rango y de acceso a las instancias más importantes del poder público en México involucrados con el narcotráfico hay diversas situaciones a cuestionarse desde la perspectiva de la Seguridad Nacional. No asumimos culpabilidad de los militares pero el simple hecho de que hayan sido acusados implica diversos fenómenos en la materia. El primero y fundamental es el nivel que los grupos de la mafia mexicana de las drogas son capaces de corromper. La dimensión del poder corruptor de los carteles de las drogas es del nivel de generales que pudieron acceder a la titularidad de la Defensa Nacional. Las investigaciones hablan que el General Ángeles pudo haber recibido cantidades importantes de dinero a cambio de protección e información al Cartel de los Beltrán Leyva. Lo importante es que ese poder corruptor puede ser usado con más generales y que todos los carteles de la droga tienen la capacidad de ofrecer candidatos de dinero a militares de nuestro país.

Denota la detención de estos militares la debilidad de nuestra milicia y la creciente fortaleza del crimen organizado y refuerza las hipótesis sostenidas por agencias de inteligencia que las acciones de los militares reforzaban a ciertos carteles por sobre otros. En especifico podemos estar al frente de una crisis más amplia ¿Cuantos comandantes de Zonas Militares no han de estar ya bajo esta influencia del crimen?, esto incluso cuando hay una rotación sostenida de los comandantes de zonas militares en México de manera regular.

El General Luis Garfias declaro a la prensa dos elementos interesantes a considerar. En primer lugar que la vida útil del militar y su remuneración es poco en comparación a lo que estar al servicio del crimen puede ofrecerles por el mismo riesgo de vida. El ejemplo claro es que Los Zetas (ex militares de bajo rango hechos mercenarios del crimen) ya pueden ser considerados un cartel criminal tan peligroso como otros. El segundo elemento fue que por medio de la guerra contra estos grupos mafiosos los presidentes municipales y gobernadores han reclutado a militares retirados y con expedientes cuestionables para dirigir cuerpos de seguridad pública local y estatal. El General Gafias afirmo que ello acercaba a los militares a la esfera más inmediata de corrupción por parte de los grupos del crimen y aumentaba la capacidad de infiltración e influencia del narco.

Debe ser un tema de extrema relevancia para los medios el deterioro de nuestras fuerzas armadas. La entereza y ultimo reducto de la fuerza del Estado son sus militares y lo decía Maquiavelo con precisión, la amenaza a la unidad nacional son los mercenarios. Hemos transformado en una situación de violencia y crimen a grupos de nuestros militares en mercenarios en busca de empleos de seguridad o de sicarios del crimen. ¿Cual será la fortaleza del Estado Mexicano después de que la estrategia anti-narcotráfico actual castiga y vulnera a nuestros militares? ¿Vale la pena un esfuerzo que acentúa más la fuerza del narcotráfico ante el Estado solo por la necesidad de enfrentarlos?

En términos de inteligencia, ya hay más de un reporte público de que hay militares con acceso directo al presidente de la república y a información de inteligencia de alto nivel. La potencialidad de filtración de información delicada del Estado al crimen organizado es elevada. La información de inteligencia es crucial para la seguridad del Estado y de su funcionamiento cotidiano, piezas de esa información en manos del narcotráfico es un riesgo a la Seguridad Nacional que el Estado Mexicano debe impedir. Además debe apuntarse que los productos de inteligencia más precisos en México son los de los militares ya que se ha desmantelado constantemente al Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional desde que inicio el sexenio del Partido Acción Nacional.

Es positivo sin duda que hayan sido las mismas fuerzas armadas las cuales entregaran a estos militares pero esto no es una solución definitiva. La estrategia debe ser cortar el ciclo de corrupción y cercanía de los militares con los carteles de la droga o seguirá habiendo casos de militares consignados. Esto pasa por muchas estrategias, aumentar el sueldo y condiciones laborales de los militares, vigilarlos y controlarlos en su retiro, urgentemente capacitar civiles en los colegios militares y civiles sobre seguridad para ocupar los puestos directivos de las policías, aplicar medidas agresivas de inteligencia y contrainteligencia. Lo que queda claro también y es la medida más importante es que si no hay una preocupación por la cantidad importante de recursos que reciben las organizaciones de tráfico de drogas entonces toda estrategia será insuficiente.

En suma, la estrategia de persecución y arresto de criminales sin atacar causas, efectos y dimensiones del mismo crimen organizado no solo ha demostrado su ineficacia, también esta jugándose la fortaleza de nuestras fuerzas armadas y de la información vital que puede poner en riesgo a nuestro país de ser usada de manera no adecuada. Este sexenio concluye con un saldo negativo en la materia y solo dejaran unas fuerzas armadas diezmadas por la violencia sin planeación que generaron y la próxima administración debe tener como tarea de primera prioridad evitar más casos de posible corrupción de altos mandos del Ejercito Mexicano.

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