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El camino democrático contra la democracia

La ventaja de la democracia es que todos podemos elegir a nuestro próximo gobierno o legislador. La desventaja/ventaja de la democracia es que podemos elegir a personajes deseosos de no continuar la democracia. Ante la perspectiva de muchos analistas en los medios no estamos en este escenario con el triunfo del Partido Revolucionario Institucional (PRI). La seguridad con que afirman los analistas que no estamos en el escenario de un retroceso democrático, a pesar que me parece razonable, me parece parte de una evaluación parcial.

En el debate sobre el regreso del PRI camina entre dos argumentos. El primero es el contexto institucional y social que se enfrenta el nuevo presidente, congreso sin mayorías, órganos autónomos, oposición relativamente competitiva y sociedad civil organizada. El segundo es que no hay claridad sobre el perfil que tendrá Enrique Peña Nieto y el equipo con el cual llegará a Los Pinos. Ambos argumentos explican porque hay pocas probabilidades de lo que se llama “Restauración” del régimen hegemónico. Pero creo hay tres consideraciones no contempladas en el debate actual, la programática, la experiencia del presidente actual y la cultural.

Quien conozca a fondo la propuesta programática de campaña del PRI en la elección de 2012 podrá leer el énfasis exacerbado que la palabra eficacia tiene. Es de pensar para el que lea por primera vez la propuesta que posiblemente refiere a la eficacia de la administración pública federal pero no, el énfasis esta en la arquitectura del sistema político mexicano y sus mecanismos para generar resultados. En el entendido programático del PRI la eficacia es la eliminación o limitación de los obstáculos para obtener reformas legales. La piedra angular de esta propuesta es la popular eliminación de cien diputados plurinominales. La propuesta de recortar diputados plurinominales federales esta revestida de popularidad ante la poca popularidad de los legisladores. Lo que el PRI cree por eficacia del congreso es en forzar mecanismos de sobre-representación para generar una mayoría en el congreso y limitar la capacidad de la oposición menos organizada en ganar distritos electorales. Lo preocupante es que el Partido Acción Nacional en palabras de la candidata Josefina Vázquez Mota y en su momento del presidente Felipe Calderón ha existido un respaldo a esta idea. Nada más que ahora un PRI con la primera minoría del congreso las impulsara con un Acción Nacional tendiente a negociar.

El Estado eficaz es uno de mayorías ficticias y menor pluralidad para aprobar reformas. La idea del Estado eficaz es alimentada por la percepción popular que el congreso no trabaja y de que la única forma de que haya cambios substanciales en México es por medio de las conocidas reformas estructurales. La idea programática del Estado eficaz carece de ideología, quiere resultados con efectos electorales, sean de la izquierda o la derecha, y lo más importante, los resultados están por sobre la democracia de manera discursiva, nunca se dice “Democracia de resultados” sino “Estado eficaz”. La idea del Estado eficaz no asume que en la democracia hay efectividad y resultados sin la necesidad de generar mayorías, que depende más de factores como la habilidad de negociación y formación de gobiernos mixtos, pero el grupo del PRI en la Cámara de Diputados se opuso a cualquier reforma en ese sentido.

Enrique Peña Nieto como gobernador dista de ser un demócrata o un liberal, su gestión en el Estado de México es prueba patente de ello. Quien recuerde sabrá que como gobernador llegó con un congreso opositor y una oposición fortalecida en todos los municipios importantes del Estado, pero ello no le fue mayor limitación. El congreso local aprobó las cuentas públicas de las administraciones pasadas donde había posible evidencia del desvío de fondos públicos de Arturo Montiel, ex gobernador del Estado y mentor de Peña Nieto. El gobierno del Estado de México amedrentó y empujó la expulsión de tres consejeros electorales del Instituto Electoral del Estado de México. Posteriormente de haber ganado la mayoría en el congreso local nombró a los magistrados locales, consejeros de Derechos Humanos, transparencia y contralores. Como final de la reforma política del Estado de México la cláusula de gobernabilidad fue regresada la constitución del Estado restaurando la mayoría absoluta de su partido en el congreso local. Sumado a una prensa atada por el presupuesto estatal de publicidad y los casos de violación de Derechos Humanos en Atenco. Lo que me sorprende es que no solo que la mayoría de los medios y periodistas no reporten nada de esto, sino que los analistas lo ignoren y posteriormente clamen que Enrique Peña Nieto es un enigma como gobernante.

Las ideas que resultarán incluso seductoras para muchos observadores de la derecha será de los colaboradores de Enrique Peña Nieto, algunos fascinados con los tecnócratas que lo rodean, en especial Luis Videgaray. En el mundo de las percepciones de la derecha los tecnócratas resultan un mecanismo de seguridad de la continuación de su proyecto de gobierno. Pero si algo nos probo el sexenio de Carlos Salinas y Ernesto Zedillo (o el gobierno de Pinochet) es que los tecnócratas también pueden ser pertinaces represores.

Miembros del gabinete en el sexenio de Carlos Salinas están en el equipo de Enrique Peña Nieto.

Por ultimo que se ha destacado con poco énfasis es que la victoria del PRI en las elecciones representa un triunfo, aunado de la incompetencia del PAN, de la cultura política del PRI. Los análisis históricos y en ciencia política destacaban que la legitimidad del PRI recaía en el prestigio revolucionario que revestía todos los cambios camaléonicos de ideología y programa. Estamos en pleno siglo XXI donde la distancia histórica de la revolución mexicana no provee de legitimidad a ningún partido ya, ¿Que legitima social e ideológicamente al PRI?, me temo pueda ser la cultura política que ese partido generó con sus practicas corporativas, clientelas, corruptora y de rapidez en ofrecer soluciones. El votante del PRI según las encuestas fue el de mayor edad, menor ingreso y menor escolaridad, un votante cautivo de la cultura política del PRI y no de la modernización económica del PAN o la rebeldía democrática del PRD. El votante del PRI fue el que en muchos sentidos desconfían en la democracia como sistema político en latinobarometro. La victoria del PRI es cultural y es la misma derrota del PAN por dejar esa cultura intacta y del PRD en reproducirla. Ese votante legitima al PRI de viejas prácticas que nunca cambió y que no esperaba otra cosa más que su regreso.

El PRI nunca ha demostrado ser nuevo o  que sus practicas cambien, el enigma del PRI no es ninguno. El PRI no hizo más que alimentar por medio de sus gobernadores las prácticas políticas que desarrollaron por décadas en la presidencia de la república. Nunca se enfrento las viejas prácticas del sistema sino que se reprodujeron en los Estados donde el PRI gobernó con cómodas mayorías legislativas. Incluso las nuevas figuras del PRI que se estrenaron como gobernadores (Duarte, Medina, Ávila, Alonso) han reproducido la vieja cultura del PRI.

En su libro, La Quiebra de las Democracias, Juan Linz nos menciona en este fragmento que vale la pena reproducir asumiendo al PRI como oposición desleal a la democracia: “Los sectores menos comprometidos políticamente comienzan a aceptar la cooptación de la oposición desleal que los lleve a un gobierno más estable, a mayor eficacia y sobre todo detenga la violencia política. Paradójicamente, una oposición desleal que ha sido responsable del desorden y la violencia política puede aparecen en este momento como si ofreciera una oportunidad para restablecer el orden. Esto debilita la capacidad de las fuerzas más pro-democráticas militantes para movilizar a sus seguidores contra la entrada al gobierno de sus enemigos porque en este momento pueden ser considerados como responsables de la violencia”.

El PRI ha aprovechado y catalizado el escenario de violencia en México, la inoperancia del PAN como gobierno y las desventajas electorales del PRD. La percepción de que el PRI puede generar paz y estabilidad (lo que se ha mencionado como la Pax Priista como Pax Porfiriana). En un país con una poco popular la protesta pacifica y con un código conservador sobre las acciones de resistencia política, como lo menciona Linz, cualquier intento de protesta será visto como aval de la violencia política y en nuestro caso una oposición a la Pax Priista. La idea de la Pax Priista es una percepción que nunca correspondió con la realidad nacional y hay que volver a insistir, los sexenios del PRI fueron en sus medidas violentos también.

La opinión pública ha asumido no mencionar estos elementos y alimentar el discurso del enigma del PRI. De avalar con los hechos las acciones del nuevo gobierno. Probablemente no es 1988 en cuanto a la realización de un fraude en las urnas (no hay evidencia alguna de eso en 2012), pero los actores políticos actúan en esta coyuntura electoral como lo hicieron en aquel año, esperando hasta desde la opinión pública y los intelectuales avalar y legitimar las acciones políticas del PRI, que ahora regresa a Los Pinos.

Los límites institucionales son fuertes pero no invencibles. Una legitimidad política y social alimentada desde el duopolio mediático, los nombramientos de 4 ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, un Partido Acción Nacional más ansioso de reformas económicas que políticas, más los elementos mencionados son un reto extraordinario a esos limites institucionales a un programa que busca desmantelar los mecanismos de la transición democrática y de un personaje quien ha probado no ser especial afín a los mismos. No hablo de restauración rápida con solo un voto en las urnas, pero si la oposición y las instituciones fracasan en su tarea, varias votaciones en las urnas podrían cambiar todavía más nuestro panorama en un camino menos democrático.

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