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El problema no es la Semana Santa

En México el contexto de libertad de creencias y la libertad de pensamiento nos ha permitido a los no religiosos poder expresar nuestras opiniones en el marco de la libertad de expresión. Ello genera discusiones entre no religiosos y religiosos sobre los fundamentos de los límites del Estado laico y ello ha sometido a los principios religiosos a examen. Lo que noté en últimas fechas ha sido un cuestionamiento de creyentes que considero no comprende los fundamentos del ateísmo militante, que se ha llamado a los que no tenemos religiosidad y promovemos al Estado laico “a ser congruentes y protestar que el gobierno otorgue la semana santa”.

En la sociedad actual y más en la latina (la influencia romana de largo alcance) es comprensible el conjunto tan amplio de códigos culturales religiosos que con el tiempo se han inscrito en la vida diaria más allá de las creencias de los ciudadanos. El calendario gregoriano, los días de descansado, el concepto del domingo, nuestro lenguaje, nuestro comportamiento gregario, festivo. Negar la influencia de las religiones sobre nuestra cotidianidad es imposible pero en su entramado ideológico están muchos valores que se pueden considerar humanos más allá de instituciones dogmáticas y la objeción principal del laicismo y el ateísmo militante no ha sido redefinir una cultura en códigos no religiosos sino la libre y autónoma decisión de los humanos más allá de esas instituciones dogmáticas.

Las religiones así como la vida misma se construyen del dialogo cultural y las instituciones dogmáticas religiosas son las únicas que abiertamente niegan ese dialogo y afirman que el mundo se rige según sus creencias y durante siglos impusieron sus códigos. Incluso sus festividades, en específico las cristianas/católicas/musulmanas/judías están basadas en la reinterpretación humano centrista de una épica en realidad de creencias de politeístas. Es innumerable el número de ritos, días y festejos basados en costumbres persas, de Mesopotamia, Egipto, Medio Oriente, tribus germánicas y lo que después eran las culturas anglicanas. No es casual la coincidencia de las pascuas con la más grande épica católica, o el inicio de la vida de Jesús con uno de los ciclos más importantes astrológicamente de toda la humanidad que resulta estar registrado en todos los ritos del mundo como lo es el solsticio de invierno.

Ahondar más sobre el paganismo en las religiones del libro actuales –como las llama Michael Onfray- además de ser un tema largo no ayuda mucho a la discusión que hacemos aquí. Es decir, no objetamos la herencia cultural de las religiones, pero también se debe matizar desde el liberalismo, el laicismo y el ateísmo militante –no necesariamente juntos- que las festividades y la cultura no son propiedad y son construidas por la sociedad. Reconocemos claramente que la humanidad ha construido esos códigos culturales, nuestra objeción es pensar que solo en los ritos está en la lucha y no en la autonomía individual.

Además entra en el contexto de la Semana Santa –antes semana de pascuas que tiene otro origen cultural- la discusión de los días de vacaciones, a lo cual hay más bien una lucha de los derechos de los trabajadores. Las luchas obreras han tratado de ampliar los días de descanso, las vacaciones y las reservas para predicar la fe libremente –la libertad de religión es una exigencia del ateísmo y el liberalismo-, en ello entran las vacaciones, que están protegidas tanto por el derecho al descanso del trabajador como del derecho al ejercicio de la religión, es decir, Semana Santa no es un rito estatal, es un derecho tanto de los trabajadores como de los creyentes, y entre los trabajadores estamos los no creyentes.

El ateísmo militante liberal no busca eliminar las costumbres religiosas ni reformar la cultural que las personas elijan de manera libre, es más bien que lo celebramos, pero entendemos que los límites del Estado no están en si permite un rito o no, el Estado laico permite todos los ritos y el libre pensamiento. La agenda laica siempre ha buscado la separación de la Iglesia y del Estado, que en esencia trata de evitar la imposición de una sola lógica cultural religiosa sobre los demás, la permisión a otras religiones y posiciones libres a existir, separar la iglesia del Estado, la escuela científica y devolver la soberanía al Estado y no a los monarcas religiosos, y adoptar la necesidad que las decisiones del Estado permitan la libertad y jerarquizar las necesidades de la población sobre criterios racionales y razonables debido a que estos han probado ser los más necesarios para una población.

Los derechos no se conculcan ni se renuncian, y las vacaciones son uno de ellos. El Estado laico devuelve la soberanía a los ciudadanos y reconoce la pluralidad. El ateísmo militante no quiere cambiar que las personas cambien de religión, sino que una sola religión no imponga sus criterios antidemocráticos a la ciudadanía, además de promover cambios culturales eso si, relacionados con los derechos y las libertades. Los ateos no esperamos boicotear las semanas de asueto que tienen –como gran parte de los códigos culturales del mundo- algún elemento religioso, más bien combatimos los preceptos religiosos que vulneran libertades y derechos, como el machismo, la homofobia, la discriminación, la represión de las libertades y la violencia para aceptar una única manera de creencia religiosa o del pensamiento. Además es una lucha obrera las vacaciones.

Además, la libertad de expresión permite tanto a religiosos como no religiosos a criticarse entre si, el respeto esta en la no obstrucción de las libertades y derechos de los demás, eso significa que tanto libertad de expresión y libertad de creencias tienen que coexistir. El respeto no esta en la censura, esta en la no obstrucción del ejercicio de los derechos, y en el contexto de libertad y democracia, debemos asumir que se criticará nuestras ideas, sin que ello no signifique que no haya una respuesta de nuestra parte a esta critica. Es decir, esta entrada esta construida como una respuesta a la critica, como debe ser en democracia.

Además hay una decisión pragmática en la existencia de las vacaciones que es el turismo, negar vacaciones por una supuesta “exigencia a que no haya festividades religiosas negaría materia del trabajo a miles de personas del sector turístico. Otra coyuntura sucede en el mundo, en países como Estados Unidos estos periodos son conocidos como vacaciones de verano sin necesariamente estar relacionados a temas religiosos, en México coincidió con un festejo religioso.

El problema no es la Semana Santa, el problema real es la amenaza siempre presente de las iglesias –más allá de su feligresía que es libre de elegir que creer y hacer- por imponer su versión del mundo a todos los ciudadanos, sean sus fieles o no, y evitar esa amenaza si es el papel tanto del Estado como de los liberales, laicos y ateos. Incluso diría, de los religiosos que creen en las libertades.

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