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Por el México que sangra pero que sigue. Mi voto por Andrés Manuel.

No estoy consciente de los demás, pero siempre he sentido, desde aquel ya lejano 2004, que tengo una especie de relación difícil e intensa con Andrés Manuel López Obrador.

En casa me enseñaron sobre la izquierda, pero en las calles, marchando contra el desafuero, aprendí de verdad sobre política. Hice de todo a la sombra del líder político: entregué propaganda por las calles, colgué mantas, llamé a militantes de mi entonces partido para rescatar la estructura del voto que estaba resquebrajada, llevé comida a los representantes en una camioneta y recibí actas de escrutinio es esa terrible elección de 2006. El PRD había enviado a un delegado en mi distrito. Era un hombre de Tabasco cuyo nombre no recuerdo. En la noche del 2 de julio, después de que Luis Carlos Ugalde hablara, él fumo con tranquilidad su cigarro y asestó con dureza: ya nos chingaron. Es la seguridad con la que habla un militante de izquierdas, la derrota siempre es igual, fácilmente identificable.

El problema no era el PREP, el problema no eran los votos, fueron los errores, fue la falta de estrategia y organización. Lo supe y callé en un partido que todavía le tenía fidelidad a Andrés Manuel. Fui de las pocas manos incautas que votó en contra del plantón en la Convención Nacional Democrática. No fui un entusiasta, aunque iba algunas veces al campamento del Estado de México a dejarle comida y cosas a una amiga del partido. Me alejé del partido con enojo. Y así ha sido mi relación con Andrés Manuel. Siempre hace algo que me causa enojo.

Sin embargo, en 2012 todavía pensaba que podíamos ganar. Soñaba con un 1ero de julio celebrando en las calles del Estado de México. Andrés Manuel ya se había mesurado. Había sido más estratégico. Aunque no había nada garantizado, me reconciliaba con él, porque en muchas cosas, a pesar de sus errores, él sabía darme esperanza. Más porque enfrente estaban aquellos priistas del Estado de México los cuales los mexiquenses hemos soportado: no hay ser más corrupto que ellos. Taimados, siniestros.

Mi partido se desmoronó frente a mis ojos. Mi vía para cambiar la realidad caía en manos de traidores -que yo sabía el mismo Andrés Manuel algún día los empoderó-. Ya no era el partido de Heberto, quien defendió la democracia en mi pueblo, Tejupilco, en 1990 contra el fraude en las elecciones municipales ejecutadas por el gobierno estatal. Ya no era el partido del sensacional Pablo Gómez, el parlamentario más extraordinario que he visto debatir. No era el partido de Cárdenas, no era ya, el partido de mis padres.

No obstante, aquí estamos, nuevamente, todos en las puertas del poder. Con todo y mi enojo nuevo con Andrés Manuel por incluir a tantos advenedizos, personas que detesto profundamente, lo comprendo. Ganar requiere de abrir los brazos a muchos que nunca pensaste abrazar. Espero que quizás en el futuro rindan cuentas de lo que nos hicieron alguna vez, pero sé que hoy no es ese día. Pero anoche escuché a Andrés Manuel y me dejó claro que sus héroes también son mis héroes: Monsiváis, Scherer, Campa, Cárdenas y Cárdenas, Madero, Juárez, los estudiantes del 68, y muchos más. A los caídos rindió homenaje y sí, ellos van al frente, antes que nadie más, pero, sobre todo, va antes el pueblo.

Andrés Manuel envejeció como mi padre. Ambos encanecieron y se hicieron más sabios, más nobles. A pesar de los errores de ambos, sé que hay una genuina pasión por los pobres. Como dijo Morelos, de ambos he aprendido, que es necesario moderar la indigencia y la opulencia. Andrés Manuel ha visitado mi pueblo y es recibido por todos una y otra vez. Y es una de las razones más claras por las que votaré por él: recorrió México como mi padre lo recorrió conmigo. Ha visto al verdadero México, ese terrible, pero a su vez noble. Ese que sangra pero que sigue.

Con lágrimas en los ojos me dije esta mañana. Vamos a llegar, no yo ni él, más bien esos, quienes no hemos podido definir nuestros destinos, los de piel morena, los pocos medianamente privilegiados por el esfuerzo de muchos, pero, sobre todo, los muchos jodidos, vamos a llegar. Quizás no logremos mucho, quizás muchas cosas permanecerán, pero al fin vamos a llegar y eso es un mensaje poderoso: alguien como nosotros puede ser presidente.

Muchos de mis amigos tienen razón: llegar en las condiciones en las cual se va a llegar ahora no es para nada ideal. Comprendo incluso que con ética y radicalidad -y digo radicalidad en el mejor de los sentidos- se negarán al cambio electoral. Los apoyaré en sus luchas y denunciaré lo que haya que denunciar. Pero algo me queda claro, como un egresado de ciencia política: nada que podamos soñar hoy, en las condiciones que tenemos, se puede sin el Estado, sin el gobierno. Quizás me equivoco, pero es mi convicción.

Mi voto es por Andrés Manuel porque atacaron a mis maestros. Desaparecieron a mis compañeros estudiantes. Olvidaron a los niños a los que mi mamá les daba clases. Les quitaron la tranquilidad a mis vecinos. Abandonaron mi país. Mi voto sí es de rabia, pero esta no viene de mis tripas, sino de mis ojos. Mi voto también es de esperanza, porque habrá terreno fértil para nuevas luchas. Adelante, Andrés Manuel, esperamos mucho de ti.

1 reply on “Por el México que sangra pero que sigue. Mi voto por Andrés Manuel.”

Excelente Raul Zepeda, me identifico contigo he apoyado a AMLO aun sin ser de algún partido y sin recibir ni un solo peso a cambio, permite robarme el ultimo párrafo para twitter (claro siempre señalándote como el autor) saludos

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